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jueves, 17 de febrero de 2011

Lo que no dice el jurado del Premio Nóbel ¿Quién es Liu Xiaobo?

Por Domenico Losurdo

Partidario de la recolonización de China por parte de los occidentales, Lui Xiaobo es el laureado del Premio Nóbel de la Paz correspondiente a 2010.

En 1988, Liu Xiaobo declaró en una entrevista que China tenía que mantenerse sometida a 300 años de dominación colonial para convertirse en un país decente, de corte evidentemente occidental.
En 2007, Liu Xiaobo reafirmó su tesis y se pronunció a favor de una privatización radical de toda la economía china.

No estoy haciendo más que repetir las informaciones provenientes de un artículo de Barry Sautman y Yan Hairong publicado en el South China Morning Post (Hong Kong) [1], que no es precisamente un diario favorable a las posiciones de Pekín. Por el contrario, en ese mismo artículo se critica al gobierno chino por haber castigado una opinión, por muy «ignoble» [juego de palabras intraducible entre el nombre del premio y el término inglés que designa algo vil, bajo o abjecto, NdT.] que fuera, con la cárcel y no con la crítica.

Quisiera, por mi parte, hacer aquí algunas observaciones. Los manuales de historia occidentales señalan que las guerras del opio abrieron el periodo más trágico de la historia de China. Un país que gozaba de una antiquísima civilización fue entonces literalmente «crucificado», escriben eminentes historiadores. A fines del siglo XIX, las muertes en masa por inanición se convierten en algo común y corriente. Pero, según Liu Xiaobo, aquel periodo colonial no fue lo bastante largo. ¡Tenía que haber durado tres veces más!

Lo menos que se puede decir es que nos encontramos ante una forma de «negacionismo». Occidente no vacila en mandar a la cárcel a los «negacionistas» cuando se trata de negar las infamias perpetradas contra el pueblo judío, ¡pero entrega el «Nobel de la Paz» a los «negacionistas» que niegan las infamias que cometió el colonialismo contra el pueblo chino! Por desgracia, la posición de la izquierda no es muy diferente.

Esa misma izquierda se cuidó mucho de condenar en su momento la detención de David Irving y de otros representantes de esa corriente, que aún están en prisión, pero ahora se dedica a cantar alabanzas a favor de Liu Xiaobo.

Este último no se ha limitado, por cierto, a expresar opiniones, por muy «ignobles» que sean, como reconoce el South China Morning Post). Luego de pronunciarse, en 1988, a favor de tres siglos de dominación colonial en China, al año siguiente volvió corriendo (¿por iniciativa propia?) de Estados Unidos a China para participar en la revuelta de la plaza Tiananmen y comprometerse a realizar su sueño [2].

Y sigue trabajando para realizar su sueño, como lo demuestra una entrevista concedida en 2006 a un periodista sueco, entrevista en la que celebra la guerra estadounidense contra Irak como medio de exportación de la democracia. O sea, estamos en presencia de un personaje que invoca directamente la dominación colonial contra su propio país y también, indirectamente, la guerra de agresión.

Un sueño que le ha valido tanto hallarse detenido en las prisiones chinas como recibir el «Premio Nóbel de la Paz».

Domenico Losurdo
Filósofo e historiador comunista, profesor en la universidad de Urbino (Italia). Última obra publicada en francés: “Nietzsche philosophe réactionnaire: Pour une biographie politique”.

Los artículos de esta autor en Red Voltaire

Referencias:

[1] «Medal contention», par Barry Sautman et Yan Hairong, South China Morning Post, 12 octobre 2010.
[2] Sur le sens des événements de Tienanmen, lire « Tienanmen, 20 ans après », par Domenico Losurdo, Réseau Voltaire, 9 juin 2009.

Fuente: Lo que no dice el jurado del Premio Nóbel
¿Quién es Liu Xiaobo?
por Domenico Losurdo. Voltaire. 19 de octubre de 2010
Original en francés:
http://www.voltairenet.org/article167289.html


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miércoles, 29 de diciembre de 2010

El Dalai Lama y Obama, encuentro entre dos Premios Nobel de la mentira

Domenico Losurdo
Red Voltaire

Atrás ha quedado el tiempo en que Obama hablaba de un G2 (USA-China) para dirigir el mundo. En pocos días, la administración Obama ha multiplicado las provocaciones antichinas: venta de armas a Taiwán, anuncio de una inminente ciberguerra contra Pekín por parte del director nacional de inteligencia y anuncio de una visita del jefe de los separatistas tibetanos a la Casa Blanca. El profesor Domenico Losurdo analiza la intención estadounidense de desmantelar China.

Ya es oficial. El presidente Obama recibirá próximamente al Dalai Lama en la Casa Blanca. Era inevitable el encuentro entre estas dos almas gemelas. Con 20 años de intervalo (1989 y 2009), los dos obtuvieron el Premio Nobel de la Paz, y los dos lo obtuvieron ad maiorem Dei gloriam [1], o, para ser más exactos, para la mayor gloria de la «nación elegida» de Dios. 1980 fue el año en que Estados Unidos, después de haber ganado la guerra fría, se preparaba para desmantelar la Unión Soviética, Yugoslavia y –al menos eso creían en Washington– también China.

En tales circunstancias, la corona de campeón de la paz no podía ser otorgada a otro que no fuera aquel monje intrigante que, respaldado y financiado desde hacia ya 30 años por la CIA, podía ayudar a arrebatarle a China la cuarta parte de su territorio (el Gran Tibet). En 2009, la situación había cambiado de forma radical. Los dirigentes de Pekín habían logrado evitar la tragedia que se estaba cocinando para China.

En vez de volver a las terribles décadas de la China oprimida, humillada y condenada en masa a morir de hambre, de la «China crucificada» que mencionan los historiadores, este país –cuya población es la quinta parte de la población mundial– había registrado un prodigioso desarrollo, mientras que se hacían cada vez más evidentes el descrédito y la decadencia de la superpotencia que en 1989 creyó tener el mundo en sus manos. En las condiciones de 2009, el Premio Nobel de la Paz coronaba a aquel que, gracias a su habilidad oratoria y a su capacidad para presentarse a sí mismo como un hombre nuevo que venía “de abajo”, estaba llamado redorar en algo el imperialismo estadounidense.

En realidad, el verdadero significado está a la vista de todos. No hay una región del mundo que no haya conocido un recrudecimiento del militarismo y de la política belicista estadounidenses. Una flota, equipada para neutralizar la posible respuesta de Irán a los bombardeos indiscriminados que Israel viene preparando frenéticamente gracias al armamento proporcionado con Estados Unidos, ha sido enviada al Golfo Arábigo-Pérsico.

En América Latina, después de promover y apoyar el golpe de Estado en Honduras, Obama está instalando 7 bases militares en Colombia, reactiva la presencia de la 4ª Flota estadounidense, explota la catástrofe humanitaria en Haití (cuya gravedad es además resultado de la dominación neocolonial que Estados Unidos ha venido ejerciendo durante 2 siglos) para implementar una ocupación masiva de ese país, con un despliegue de fuerzas militares que constituye además una evidente advertencia para las demás naciones latinoamericanas.

En África, valiéndose del pretexto de la «lucha contra el terrorismo», Estados Unidos refuerza su dispositivo militar, cuando su verdadero objetivo es en realidad obstaculizar la obtención de los recursos energéticos y de las materias primas que China necesita, para poder estrangularla después en el momento oportuno. En la propia Europa, Obama no ha renunciado en lo absoluto a la expansión de la OTAN hacia el este ni a las maniobras tendientes a debilitar a Rusia. Las concesiones son solamente de carácter formal y no tienen más objetivo que aislar lo más posible a China, el país que pudiera cuestionar la hegemonía planetaria de Washington.

En efecto, es en Asia donde más claramente se manifiesta el carácter agresivo de la nueva presidencia estadounidense. No sólo se trata de la extensión de la guerra de Afganistán al territorio de Pakistán, mediante un uso de los aviones sin piloto (y de los consiguientes «daños colaterales») sensiblemente más acentuado que en la época de la administración de Bush Jr. Lo más significativo es lo que está sucediendo con Taiwán.

La situación había mejorada sensiblemente, los contactos e intercambios entre la China continental y Taiwán se habían restablecido y se estaban desarrollando, también se habían restablecido las relaciones entre el Partido Comunista Chino y el Kuomindang. Con la nueva venta de armas, Obama trata de alcanzar un objetivo bien definido: si no se logra desmantelar el gran país asiático, por lo menos hay que impedir la reunificación pacífica.

Y es en este preciso momento que un viejo conocido de la política del containment y del desmantelamiento de China anuncia su próxima llegada a Washington. Incluso antes de poner un pie en territorio estadounidense, el Dalai Lama bendice por control remoto al mercader de la guerra que actualmente ocupa la Casa Blanca. Pero, ¿no es acaso el Dalai Lama un símbolo universal de la no violencia? Permítanme abordar esa refinada manipulación a través de un capítulo de mi libro La no violencia. La historia más allá del mito (Laterza, Bari-Roma. NdT.), que saldrá a la venta el 4 de marzo próximo. Me limitaré, por el momento, a anticipar un solo aspecto de la cuestión. Varios libros entre cuyos autores o coautores se encuentran ex funcionarios de la CIA revelan una verdad que nunca podemos perder de vista: la no violencia es una «pantalla» (screen) que inventaron los servicios secretos estadounidenses mayoritariamente inmersos en la «guerra psicológica».

Esa «pantalla» ha permitido fabricado alrededor de Su Santidad una aureola sagrada cuando la realidad es que, desde que huyó de China en 1959, el Dalai Lama nunca ha cesado de promover en el Tibet una revuelta armada, alimentada por los enormes recursos financieros de la poderosa máquina organizativa y multimediática de Estados Unidos y por el gigantesco arsenal de ese mismo país, revuelta que a pesar de todo ha fracasado porque no ha encontrado apoyo entre la población tibetana.

Se trataba de una revuelta armada –señalan también los ex funcionarios de la CIA– que ha permitido a Estados Unidos acumular valiosas experiencias para las guerras en Indochina, o sea –observo yo– para las guerras coloniales, catalogadas como las más bárbaras del siglo 20. Y ahora se anuncia un encuentro entre el Dalai Lama y Obama.

Era de esperar. Este encuentro entre los dos Premios Nobel de la mentira será probablemente amistoso, como corresponde a un encuentro entre dos personalidades vinculadas entre sí por afinidades electivas. Pero lo cierto es que no augura nada bueno para la causa de la paz.

Nota:

[1] Expresión latina y divisa de la Compañía de Jesús. Su traducción literal sería «A la mayor gloria de Dios».

Domenico Losurdo. Filósofo e historiador comunista, profesor en la universidad de Urbino (Italia). Última obra publicada en francés: “Nietzsche philosophe réactionnaire: Pour une biographie politique“.

Fuente: http://www.voltairenet.org/article163936.html

Traducido al español por la Red Voltaire a partir de la traducción al francés de Marie-Ange Patrizio.


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martes, 16 de noviembre de 2010

Nobel de la guerra para los señores del «Nobel de la Paz»

Por Domenico Losurdo

Ignorando las instrucciones que dejara el propio Alfred Nobel, el jurado del premio Nobel ya no está recompensando el coraje en el trabajo por la paz sino la utilidad mediática al servicio del imperialismo. La lista de los más recientes laureados con ese premio no es más que una enumeración de personalidades que sirven de coartada a la aplicación de políticas coercitivas y de pretexto para justificar las guerras. El más reciente es el premio Nobel de la Paz de 2010, concedido a un «disidente» chino como medio de justificar la política de containement en contra de China, señala el filósofo Domenico Losurdo.

Un recio debate se ha desatado en Australia en las últimas semanas.
En un artículo publicado en Quartely Essay y del que se adelantaron algunos aspectos en el The Australian, Hugh White lanzó un llamado de advertencia sobre una serie de inquietantes procesos actualmente en marcha:
ante el ascenso de China, Washington está respondiendo con la tradicional política de containment (se puede traducir como política de contención), mediante el amenazantefortalecimiento de su potencial y sus alianzas militares.

En respuesta, Pekín no se deja intimidar ni «contener». Todo lo anterior puede provocar en Asia una polarización de alianzas adversarias y dar lugar al surgimiento de «un riesgo real y creciente de guerra de grandes proporciones e incluso de guerra nuclear».
El autor de esta advertencia está lejos de ser un don Nadie. Tiene en su aval una larga carrera como analista en cuestiones de defensa y de política exterior y forma parte, en cierta forma, del establishment intelectual. No por casualidad su artículo ha desatado un debate nacional, en el que también ha participado la primera ministra, Julia Gillard, quien ha reafirmado la necesidad del vínculo privilegiado con Estados Unidos.

Pero los sectores extremistas australianos han ido mucho más lejos al afirmar que hay que comprometerse a fondo con una Gran Alianza de las democracias contra los déspotas de Pekín. No queda duda alguna. La ideología de la guerra contra China se basa en una ideología existente desde hace mucho que justifica y hasta celebra las agresiones militares y las guerras de Occidente en nombre de la «democracia» y de los «derechos humanos».

Y ahora resulta que se otorga el «Premio Nobel de la Paz» al «disidente» chino Liu Xiaobo. Esa maniobra no podía producirse en momento más oportuno, sobre todo teniendo en cuenta la amenaza de guerra comercial esgrimida contra China, ahora de manera abierta y solemne, por el Congreso de Estados Unidos.

China, Irán y Palestina

Entre los primeros en felicitarse por la selección de los señores de Oslo estuvo la señora Shirin Ebadi, quien inmediatamente añadió aún más sal a la sopa:
«China no sólo es un país que viola los derechos humanos. Es también un país que apoya y ayuda a numerosos regímenes que los violan, como los que están en el poder en Sudán, en Birmania, Corea del Norte, Irán…»
Agregó además que es un país responsable de la «gran explotación de los obreros». Por lo tanto, hay que boicotear «los productos chinos» y «limitar al máximo los intercambios económicos y comerciales con China» [1].

Digámoslo una vez más: la contribución a la ideología de la guerra emprendida en nombre de la «democracia» y de los «derechos humanos» no puede ser más clara, y la declaración de guerra comercial es evidente.
Entonces, ¿por qué se le otorgó el «Premio Nobel de la Paz» en 2003 a Shirin Ebadi? Se le dio ese premio a una señora cuya visión de las relaciones internacionales es maniquea. En su lista de violaciones de los derechos humanos no hay cabida para Abu Ghraib ni para Guantánamo, ni para los bombardeos y guerras desatados con pretextos falsos y mentiras, ni para el uranio empobrecido, ni para los embargos con características genocidas que desafían a la aplastante mayoría de los miembros de la ONU y de la comunidad internacional…

En cuanto a la «gran explotación de los obreros» en China, es indudable que Shirin Ebadi habla a tontas y a locas. El gran país asiático ha salvado a cientos de miles de mujeres y hombres del hambre a la que habían sido condenados, en primer lugar, por la agresión y por el embargo que había proclamado Occidente.

En estos días se puede leer en todos los órganos de prensa que los salarios de los obreros están progresando a un ritmo bastante rápido. En todo caso, si bien el bloqueo contra Cuba afecta exclusivamente a los habitantes de esa isla, un posible embargo contra China provocaría una crisis económica planetaria, con consecuencias devastadoras incluso para las masas populares occidentales, y habría que decirle adiós a los derechos humanos (o por lo menos a los derechos económicos y sociales).

No cabe duda. La señora que recibió el «Premio Nobel de la Paz» en 2003 es una ideóloga de la guerra, mediocre y provinciana.
¿Quisieron acaso recompensar así a una activista que, no en el plano internacional pero sí al menos dentro de Irán, afirma ser una defensora de los derechos humanos?
De ser esa la intención de los señores de Oslo, habrían tenido que darle el premio Nobel a Mohamed Mosadegh, el hombre que, a principios de los años 1950, se comprometió a construir un Irán democrático pero que, por atreverse a nacionalizar la industria petrolera, fue derrocado mediante un golpe de Estado organizado por Gran Bretaña y Estados Unidos, los mismos países que hoy se erigen en campeones de la «democracia» y de los «derechos humanos».

¿Acaso trataron los señores de Oslo de recompensar a algún valiente opositor de la feroz dictadura del chah, que contó con el apoyo de los habituales pero improbables campeones de la causa de la «democracia» y de los «derechos humanos»?
¿Por qué le dieron entonces el «Premio Nobel de la Paz» a Shirin Ebadi en 2003?

En aquel momento, mientras el interminable martirio del pueblo palestino se recrudecía aún más, ya se perfilaba claramente la cruzada contra Irán.
Atribuir un reconocimiento a una militante palestina hubiese sido una verdadera contribución a la causa de la distensión y de la paz en el Medio Oriente.

¿No hay acaso militantes palestinos «no violentos»?
Es difícil calificar de «no violento» a Obama, el líder de un país que está metido en varias guerras a la vez y que gasta en armamento, él sólo, tanto dinero como todos los demás países del mundo juntos.
En todo caso, en Palestina no escasean los «no violentos», y son no violentos todos los militantes que desde todo el mundo llegan a Palestina para defender a sus habitantes contra una abrumadora violencia y que han sido incluso aplastados por los tanques o los buldózeres del ejército ocupante.

Sin embargo, los señores de Oslo prefirieron recompensar a una militante que desde entonces no ha dejado de atizar el fuego de la guerra contra Irán, en primer lugar, y que ahora hace lo mismo contra China.
Luego de la consagración y la transfiguración de Liu Xiaobo, el presidente estadounidense intervino rápidamente, y pidió la liberación inmediata del «disidente».

¿Por qué no libera, mientras tanto, a los detenidos sin juicio que se encuentran en Guantánamo?
¿O por qué no presiona al menos a favor de la liberación de los innumerables palestinos, que a veces son apenas adolescentes, encarcelados por Israel, como reconoce incluso la prensa occidental, en espantosos complejos carcelarios?

Los señores de Oslo, Estados Unidos y China

Obama es otro caso de «Premio Nobel de la Paz» que reúne características bastante singulares. Cuando lo recibió, el año pasado, había declarado que tenía intenciones de reforzar la presencia militar de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán y de impulsar las operaciones de guerra.

Ya después de recibir el espaldarazo que constituye el prestigioso reconocimiento que había recibido en Oslo, Obama fue fiel a su palabra. Son ahora más numerosos que en la época de Bush los escuadrones de la muerte que, desde el cielo, «eliminan» «terroristas», potenciales «terroristas» y sospechosos de «terrorismo».

Los helicópteros y aviones sin piloto que se desempeñan como escuadrones de la muerte son también numerosos en Pakistán, como también son numerosas las víctimas «colaterales» que provocan. La indignación popular es tan grande y se extiende tanto que hasta los propios gobernantes de Kabul e Islamabad se sienten obligados a protestar ante Washington. Pero Obama no se deja impresionar. ¡Y sigue exhibiendo su «Premio Nobel de la Paz»!

En estos últimos días se filtró una noticia escalofriante. Hay en Afganistán militares estadounidenses que matan civiles inocentes por diversión y que conservan alguna parte del cuerpo de sus víctimas como recuerdo de caza.
La administración estadounidense se apresuró inmediatamente a bloquear la difusión de más detalles y, sobre todo, de las fotos.

Conmocionada, la opinión pública estadounidense e internacional hubiese podido decidirse a presionar por el fin de la guerra en Afganistán. Para poder continuar esa guerra, y hacerla aún más dura, el «Premio Nobel de la Paz» prefirió asestar también un golpe a la libertad de prensa.

También podemos hacer aquí una observación de carácter general. Durante el siglo 20, Estados Unidos es el país que más repetidamente ha visto a sus estadistas recibir el «Premio Nobel de la Paz»:
- Theodore Roosevelt, el mismo que estimaba que el único indio «bueno» era un indio muerto;
- Henry Kissinger, el protagonista del golpe de Estado en Chile y de la guerra de Vietnam;
- James Carter, el promotor del boicot contra los Juegos Olímpicos de Moscú, en 1980, y de la prohibición de exportar trigo a la URSS cuando la intervención en Afganistán contra los freedom fighters musulmanes; y
- Barack Obama, quien ahora interviene contra los freedoms fighters –convertidos entretanto en terroristas– y utiliza contra ellos una monstruosa maquinaria de guerra.

Veamos ahora, por otro lado, cómo se posicionan los señores de Oslo cuando se trata de China. Ese país, que representa a una cuarta parte de la humanidad, no se ha visto implicado en ninguna guerra en los últimos 30 años y ha promovido un desarrollo económico que al liberar de la miseria y el hambre a cientos de millones de hombres y mujeres les ha dado acceso, en todo caso, a los derechos económicos y sociales.

Pero los señores de Oslo sólo se han dignado a tomar en cuenta a ese país para otorgar tres premios a tres «disidentes»:
en 1989, le entregaron el «Premio Nobel de la Paz» al 14º Dalai Lama, quien abandonó China hace ya 30 años;
- en 2000 le dieron el Nóbel de literatura a Gao Xingjan, escritor que ya por entonces era ciudadano francés;
- en 2010 le otorgan el «Premio Nobel de la Paz» a otro disidente que, después de haber vivido en Estados Unidos e impartido clases en la Universidad de Columbia, regresa a China «rápidamente» [2] para participar en la revuelta (ciertamente no pacífica) de la Plaza Tiananmen.

Aún hoy en día, ese personaje habla de su pueblo de la siguiente manera:
«Nosotros los chinos, tan brutales» [3]. O sea, para los señores de Oslo la causa de la paz está representada por un país (Estados Unidos) que se cree a menudo investido de la divina misión de guiar el mundo, que ha instalado y sigue instalando amenazadoras bases militares a través de todo el planeta.

Pero en China, que no tiene ninguna base militar en el extranjero, país con una civilización milenaria y que al cabo de un siglo de humillaciones y de miseria impuestos por el capitalismo está recuperando su antiguo esplendor, los representantes de la causa de la paz –y de la cultura– son sólo tres «disidentes» que ya no tienen mucho que ver con el pueblo chino y que ven a Occidente como el único faro que ilumina el mundo.

Es indudable que estamos viendo, en la política de los señores de Oslo, el resurgimiento de la antigua arrogancia colonialista e imperialista.

Mientras resuenan en Australia voces inquietas ante los riesgos de guerra, en Oslo se da un nuevo brillo a una ideología de guerra de funesta memoria:
recordemos que las guerras del opio fueron elogiadas en su época por J. S. Mill como una contribución a la causa de la «libertad» y del «comprador» además de la del vendedor (de opio), mientras que Tocqueville la presentaba como una contribución a la causa de la lucha contra el «inmovilismo» chino.

No son muy diferentes las consignas que hoy agita la prensa occidental, prensa que –dicho sea de paso– no se cansa de denunciar el eterno despotismo oriental.
Por muy nobles que sean sus intenciones, el comportamiento real de los señores del «Premio Nobel de la Paz» sólo merece hoy en día el Nóbel de la guerra.

Red Voltaire


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miércoles, 23 de junio de 2010

El Falun Gong, arma de la CIA contra el «Gran Dragón Rojo»

Una de las principales personalidades cuya candidatura para el Premio Nóbel de la Paz cuenta con el apoyo del Departamento de Estado es un maestro del arte chino de la respiración, Li Hongzhi, quien coordinó las manifestaciones anticomunistas durante el recorrido mundial de la llama olímpica. Poco conocido entre el gran público, Li Hongzhi fundó una poderosa secta que extiende la influencia estadounidense sobre la diáspora china, el Falun Gong. Gracias a la ayuda de Washington, el Falun Gong dispone actualmente de una amplia infraestructura mediática y ha emprendido una cruzada contra el Partido Comunista Chino.

Los medios de prensa occidentales han concedido gran importancia a las manifestaciones que perturbaron el recorrido de la llama olímpica, entre marzo y mayo de 2008. Pasando por alto las etapas festivas, los medios occidentales centraron su atención en las payasadas de Reporteros Sin Fronteras en Olimpia (el 25 de marzo), las protestas sobre la cuestión del Tibet en Londres (6 de abril), París (7 de abril) y San Francisco (9 de abril) y cubrieron con artística imprecisión lo sucedido en Buenos Aires (11 de abril). Trataron de hacer creer en la existencia de un movimiento espontáneo del público contra diversos aspectos de la «dictadura del Partido Comunista Chino». A pesar de –o quizás debido a– ese tufo a guerra fría, los medios occidentales no precisaron que todos aquellos hechos habían sido planificados con un año de antelación y coordinados por una ONG, Human Rights Torch Relay (Relevo de la Llama Olímpica por los Derechos Humanos) [1], subproducto de un poderoso movimiento estadounidense-chino, el Falun Gong.

Más recientemente, numerosos periodistas deportivos acreditados a los Juegos Olímpicos de Pekín recibieron un correo electrónico de la Coalition to Investigate the Persecution of Falun Gong in China (Coalición para Investigar la Persecución del Falun Gong en China) [2] que contenía un documento de 26 páginas intitulado: Torture Outside the Olympic Village: A Guide to China’s Labor Camps (Tortura fuera de la Villa Olímpica: guía de los campos de trabajo chinos) [3]

Durante los años 1990, el Partido Comunista Chino favoreció las iniciativas civiles al autorizar la creación de asociaciones culturales y deportivas, hasta entonces bajo su monopolio. Entre las asociaciones surgidas en aquel entonces, las de artes marciales y qigong levantaron una ola de verdadero entusiasmo. El qigong, ancestral técnica de respiración, permite desarrollar la concentración y el equilibrio interno. Diferentes estudios médicos han demostrados que quienes lo practican están menos expuestos a las enfermedades que el resto de la población. Así que el gobierno se regocijó públicamente ante esta moda, que no podía sino contribuir a reducir los gastos nacionales en materia de salud.

Es en ese contexto que Li Hongzhi, un funcionario cuadragenario, creó su propia asociación de qigong en 1992: el Falun Gong. Pero el maestro Li no se limitó a la enseñanza de técnicas respiratorias sino que las asoció a una doctrina esotérica cuyo contenido fue revelando poco a poco.

En 1996, Li Hongzhi retiró a su asociación de la Federación Nacional de qigong y emigró a los Estados Unidos, desde donde continuó dirigiéndola. A partir de aquel momento, su asociación comenzó poner especial interés en el reclutamiento de miembros del Partido Comunista. Al mismo tiempo, las reuniones de los adeptos del Falun Gong cambiaron de forma para seguir el estilo estadounidense de las de los seguidores del pastor evangélico Billy Graham, con testimonios de adeptos curados. En 1999, el Maestro Li regresó a China para movilizar a los cuadros de su movimiento. Al día siguiente de su partida, sus discípulos realizaron una manifestación en Tianjin (a 140 kilómetros de Pekín), ante la sede de una revista científica que había publicado un artículo muy crítico sobre sus elucubraciones metafísicas y su comportamiento sectario [4]. La policía los dispersó sin miramientos y detuvo a algunos. Al día siguiente, el 25 de abril, entre 10 000 y 30 000 adeptos del Falun Gong se reunieron en silencio en Pekín, durante todo el día, ante Zhongnanhai, la sede central del Partido Comunista Chino. Agitando en silencio el Zhuan Falun (obra del Maestro), reclamaban la liberación de sus correligionarios.

La conmoción es dura para el gobierno. Una manifestación se había organizado secretamente, y había tenido lugar precisamente ante la sede del Partido, en un país en el que todas las manifestaciones están cuidadosamente controladas. Se demostraba así que el Falun Gong disponía de varias decenas de miles de adeptos, un tercio de los cuales eran miembros del Partido Comunista. En otras palabras, una organización no controlada se había desarrollado en el país y se había infiltrado en el Partido, conforme a la gran tradición de las sociedades secretas chinas.

El poder sólo tenía dos posibilidades: reconocer el Falun Gong como una fuerza dentro del Partido o aplastarlo. Impresionado por la irracional determinación de los manifestantes, el primer ministro Zhu Rongji es favorable al reconocimiento, pero el presidente Jiang Zemin, convencido de que se encuentra ante una organización manipulada en secreto por la CIA, opta por la represión. Se prohíbe el Falun Gong. Al principio, los adeptos se sienten intimidados por la policía, que recurre a veces a la violencia durante los arrestos y periodos de detención. Ante la persistencia del problema, se organiza una campaña para desacreditar a la organización, posteriormente se acusa a sus cuadros como responsables de crímenes cometidos par miembros fanatizados. Los acusados son juzgados y condenados.

Mientras tanto, las autoridades estadounidenses presentan repetidas protestas oficiales ante lo que consideran como una violación de la libertad de culto.

A estas alturas del análisis se impone la interrogante sobre la doctrina de Li Hongzhi y la naturaleza de su asociación. ¿Se trata –como afirma Washington– del resurgimiento de un antiguo esoterismo no tolerado por el Partido Comunista o –como dice Pekín– es el Falun Gong una secta que manipula a sus miembros para tomar el poder?

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El Maestro Li Hongzhi, fundador del Falun Gong.

La enseñanza del Maestro Li se basa en una cosmogonía, o sea en una concepción del Universo y del lugar que el hombre ocupa dentro de éste; en una gnosis, o sea en un conocimiento que el discípulo necesita para liberarse de su condición existencial; y, para terminar, en un ascetismo, o sea un modo de vida y una serie de técnicas que permiten al discípulo alcanzar la redención.

Según Li Hongzhi, el universo no se compone únicamente del mundo que podemos percibir sino de miles de millones de mundos imbricados entre sí. «Un grano de arena contiene 3 000 mundos […] con budas, taos y dioses, así como seres humanos, animales, sustancias, montañas, agua, cielo, tierra, aire […]. Los seres humanos que se encuentran en los granos de arena son exactamente como nosotros. El color de su piel varía del negro al blanco y al amarillo. Si fuera posible verlo, ustedes encontrarían sobre los pelos de su propio cuerpo numerosas ciudades por donde circulan trenes y autos». Visto desde los mundos superiores, nuestro propio mundo parece microscópico y sin embargo contiene en sí mismo otros mundos más pequeños aún.

Todos los seres, animados o inanimados, e incluso los objetos de fabricación industrial, están dotados de un alma. El día de su nacimiento o de su fabricación, cada ser aparece simultáneamente en diferentes mundos. Existe por lo tanto una multiplicidad de cuerpos vinculados entre sí por un alma individual. Cuando muere o es destruido, un ser pierde sus cuerpos en los diferentes mundos pero su alma no tarda en reencarnarse en nuevos cuerpos. Según su comportamiento, las almas pueden encarnar en mundos superiores o hundirse en mundo inferiores. La humanidad, por su parte, viene cayendo desde hace miles de millones de años. Al contrario de lo que afirman los científicos, numerosas civilizaciones humanas han existido antes del periodo conocido por la historia. La humanidad ya ha sido destruida casi por entero 81 veces antes de levantarse de nuevo. Algunos humanos eliminados durante ese proceso se han refugiado bajo la superficie terrestre y en los abismos de los océanos, donde viven desde entonces. Otros han tenido la suerte de alcanzar mundos superiores en los que han creado civilizaciones avanzadas. Estos últimos pueden atravesar el espacio-tiempo y a veces nos visitan en platillos voladores. Son ellos quienes nos han proporcionado las tecnologías de avanzadas que nuestros científicos eran incapaces de alcanzar por sí mismos. Los adeptos del Falun Gong pueden recuperar la conciencia de sus pasadas migraciones y de sus vidas paralelas. Gracias a ellas pueden adquirir poderes mágicos, curar enfermedades y liberarse de su karma. El Maestro Li y sus más cercanos discípulos pueden también moverse por esos mundos paralelos para cambiar nuestras vidas. Él puede actuar sobre los centros de energía del cuerpo sutil, específicamente haciendo girar la Rueda de la Ley, una svástica dorada escondida en nuestro abdomen, o abriendo nuestro tercer ojo, el que permite la percepción de nuevos mundos.

El practicante del Falun Gong tiene que dedicarse a 5 formas de ejercicios que conjugan técnicas respiratorias y meditación. También debe llevar una vida pura para poder escapar a la próxima Apocalipsis que se llevará a todos los demonios, en primer lugar a los homosexuales.

Entre los millones de adeptos de Li Hongzhi, hay algunos que creen todas esas tonterías al pie de la letra, convirtiéndose en un peligro para sí mismos y para la sociedad. Muchos se han negado a recibir tratamientos médicos y han muerto esperando que el Maestro Li viniera a curarlos. Algunos se han inmolado por el fuego en la plaza Tian An Men para liberarse de este mundo. Otros han creído ver demonios en parientes o vecinos con los que tenían algún conflicto y los han asesinado para exorcizarlos. Algunos se han lanzado por una ventana creyendo que podían levitar, etc. El Maestro Li niega esos hechos y, de todas formas, no se considera responsable de fanáticos aislados que no han entendido su enseñanza.

Ese argumento satisface a Estados Unidos, que sin dificultad concede visas al Maestro Li y a sus adeptos para «protegerlos de la persecución religiosa de los comunistas». Desde 1999 la Comisión de Estados Unidos por la Libertad Religiosa en el Mundo (órgano de consulta del Departamento de Estado) no ha dejado de denunciar la represión contra el Falun Gong. En sus informes anuales sobre la libertad religiosa en el mundo, el Departamento de Estado señala a China como un Estado que suscita «una fuerte preocupación». En abril de 2006, 81 miembros del Congreso presentaron una petición al presidente Bush en la que piden la adopción de medidas coercitivas contra China para proteger a los seguidores de Li Hongzhi. Y. finalmente, el 12 de junio de 2006, el Congreso condenó esa «persecución religiosa».

En Washington, el expediente del Falung Gong estuvo esencialmente en manos de Elliott Abrams [5], primero como presidente de la Comisión sobre la Libertad Religiosa en el Mundo durante la administración Clinton y más tarde como consejero adjunto de seguridad nacional bajo la administración Bush hijo. Integrista judío firmemente contrario a los matrimonios interreligiosos, el señor Abrams es uno de los inventores del concepto de «teopolítica» [6]. Según Abrams, la laicidad y la libertad de conciencia son violaciones de la libertad religiosa ya que el agnosticismo y el ateismo que ambas admiten perjudican el orden social.

Neoconservador de línea dura, Elliot Abrams fue uno de los pilares del apoyo secreto a los Contras nicaragüenses y uno de los principales responsables de las masacres en Honduras. Sólo el indulto concedido por el presidente Bush padre le permitió escapar a sanciones penales. Durante aquella etapa, Abrams desempeñó un papel protagónico en la transformación de la Iglesia de la Unificación del reverendo Sun Myung Moon, que pasó de ser una secta sincrética coreana a convertirse en un poderoso ejército armado utilizado como contratista de la CIA en América Latina.

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Manifestación del Falun Gong ante el Congreso de los Estados Unidos (24 de julio de 2003).

Aparentemente Elliot Abrams no ha cambiado de método y el Falun Gong va por el mismo camino que la secta Moon. La secta de Li Hongzhi se quitó la careta el día que fue prohibida por el presidente Jiang Zemin. Después de haber ambicionado apoderarse, desde adentro, del control del Partido Comunista Chino, el Falun Gong designó a esa misma organización política como la encarnación misma de las fuerzas demoníacas. Haciendo ya gala de sus ambiciones, el Maestro Li repitió que los actuales gobiernos eran incapaces de resolver los problemas humanos y que únicamente una persona como él, que ha alcanzado un alto nivel de sabiduría, sería capaz de hacerlo. Desde entonces, su acción política se ejerce directamente sobre la diáspora china y, a través de ella, trata de influir indirectamente sobre la población residente en China.

En las ciudades donde existe una diáspora china, el Falun Gong abrió «Centros de dimisión del Partido Comunista». El Falun Gong afirma que los Cielos le han retirado su apoyo al Partido Comunista Chino y que van a destruirlo de un momento a otro. ¡Salve usted su vida renunciando al Partido y sus organizaciones afiliadas! Esta retórico corresponde a la cultura popular china: antiguamente la legitimidad de los emperadores provenía de un mandato concedido por el Cielo. El emperador perdía su legitimidad cuando el Cielo, al provocar catástrofes naturales, indicaba que le había retirado su mandato. Sociedades secretas existentes en los palacios sublevaban entonces al campesinado para derrocar a la dinastía que se encontraba en el poder e instaurar una nueva. Aunque resulta difícil evaluar si el Falun Gong ha logrado convencer a muchos chinos de la diáspora para que se aparten del Partido Comunista, lo cierto es que el liderazgo del Partido sobre la diáspora ha disminuido. El terremoto que se produjo recientemente en China sería la señal de que los Cielos han retirado al Partido Comunista el mandato que le habían concedido. Es de esperar un cataclismo peor aún si el Partido no es derrocado, y los adeptos del Falun Gong tienen todavía la posibilidad de salvarse participando en la clarificación que representan las protestas organizadas a lo largo del recorrido de la Llama Olímpica contra el «Gran Dragón Rojo», o sea el Partido.

En sus Nueve comentarios sobre el Partido Comunista Chino(2004), el Maestro Li escribe que el PCCh «al haber cometido todo tipo de horrores que van en contra del Tao y se oponen al cielo y la tierra, se ha convertido en una fuerza extremadamente malvada que se levanta contra el universo». Es «una secta perversa». Poco a poco, comenzó a describir el conflicto entre el Falun Gong y el PCCh como el combate escatológico del Bien contra el Mal. Ello implica que, para librarse del mal, los discípulos deben buscar el enfrentamiento con el PCCh, según explicó el propio Li en el congreso de su movimiento, celebrado el 24 de abril pasado, en Manhattan.

Para estigmatizar internamente al «Gran Dragón Rojo» y alimentar en el exterior la propaganda anticomunista, el Falun Gong lanza todo tipo de acusaciones contra el PCCh. La más espectacular afirma que miles de adeptos del Falun Gong fueron encarcelados en un campo de reeducación y que les extrajeron órganos en el hospital de Shenyang. Un informe redactado por un parlamentario canadiense, David Kilgour (casado con la hija del ex primer ministro John Turner) [7] y un abogado, David Matas, corrobora esas acusaciones [8]. Pero estos dos investigadores se basaron únicamente en entrevistas realizadas por teléfono a algunos adeptos del Falun Gong, que no siempre se expresan de forma racional. El PCCh no tuvo más que convocar a la prensa internacional para demostrar que el hospital era completamente normal y que ni siquiera había ningún campo de reeducación en el lugar indicado.

Oficialmente, el Falun Gong no es una organización sino simplemente un movimiento espontáneo. Gracias a la ayuda de Elliot Abrams y la CIA, en sólo una década el Falun Gong se ha dotado de una colosal infraestructura, exactamente al estilo de la secta Moon. Creó, en primer lugar, una imponente cantidad de sitios plurilingües en Internet, que actualmente constituyen el blanco número 1 de la censura china en la red, y también se ha dotado de una publicación, una radio y un canal de televisión.
- Epoch Times es un bimensual cuya versión en papel se imprime en 10 idiomas y que cuenta con una versión electrónica, con 7 idiomas más, en Internet [9]. Se distribuye gratuitamente en unos 30 países y totaliza 1,5 millones de ejemplares a la semana. Contiene algo de publicidad pero se ignora su forma de financiamiento.
- Sound of Hope es una estación de radio que transmite en mandarín y en 7 idiomas más [10]. Es retransmitida gratuitamente a través de los transmisores que el Broadcasting Board of Governors (BBG) utiliza para los programas de propaganda del Departamento de Estado (Voice of America, Radio Sawa, Radio Martí, etc.). La financia la National Endowment for Democracy (NED) [11], vitrina legal de la CIA creada por… Elliott Abrams.
- New Tang Dynasty (NTDTV) es un canal de televisión transmitido vía satélite [12]. Transmite principalmente en mandarín y cantonés, aunque también lo hace en inglés. Financiada por la NED/CIA.

En definitiva, la estrategia de Elliot Abrams y del Consejo de Seguridad Nacional tiene pocas posibilidades de lograr influir en la política interna china. El papel del Falun Gong consiste más bien en controlar la diáspora y divulgar la propaganda anticomunista. Pero esto tiene un alto costo para Estados Unidos. Los esfuerzos desplegados para convertir el Falun Gong en una secta respetable, garantizarle el apoyo de un fuerte lobby parlamentario y dotarlo de poderosos medios de propaganda, obligan a otorgarle también un papel político en Washington, como ya sucedió con la secta Moon.

Lo anterior implica que la cuestión del apoyo al Falun Gong tenga que ser sometida a una revisión [13]. La brutalidad de la policía china es sin lugar a dudas deplorable, lo cual no quiere decir que el Maestro Li y sus discípulos sean inofensivos. En primer lugar, toda sociedad tiene el deber de proteger a sus miembros y ningún Estado del mundo puede aceptar en su país el desarrollo de una organización religiosa que aparta a la gente de la ciencia y la medicina para sumirla en la superstición. Estados Unidos no vaciló en recurrir al ejército para aplastar la Iglesia Davidiana en Waco (1993). En segundo lugar, el Falun Gong es también un arma de Estados Unidos en su cruzada contra el comunismo. Dar asilo a esa organización es inmiscuirse en los asuntos internos de China.

Thierry Meyssan
Analista político francés. Fundador y presidente de laRed Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación(Monte Ávila Editores, 2008)

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lunes, 29 de marzo de 2010

El Sake ¿chino o japonés?

Por Valeria Beroiz – La Gran Época

El sake es una bebida que proviene principalmente de la fermentación del arroz. Pero para empezar a hablar sobre esta bebida tan famosa de Asia, nos tenemos que remontar a las primeras recetas del sake en la historia. Se dice que el primer sake fue llamado kuchikama no sake (口噛みの酒), que quiere decir “sake para masticar en la boca”. Se llamaba así porque para prepararlo se debía hacerlo con arroz para mascar, mezclado con otras hierbas como castañas, mijo y bellotas. Todo esto se masticaba y luego se escupía toda la mezcla en un barril. Aunque el procedimiento parece poco apetecible, se realizaba así porque gracias a las enzimas de la saliva, el almidón del arroz se podía convertir en azúcar, logrando así que todos los ingredientes fueran una mezcla azucarada. Luego se le agregaba arroz recién cocido y se lo dejaba fermentar naturalmente. En aquel entonces, el sake era una bebida que no tenía una alta graduación alcohólica y se lo consumía preferentemente como papilla.

El nacimiento del sake es muy discutido y no existe ninguna documentación sobre su historia. Solo existen teorías sobre cómo fue creado, y aunque en la actualidad nadie discute que es japonés, existen indicios de que podría llegar a ser chino. La teoría del origen chino del sake sugiere que esta preparación del arroz comenzó a utilizarse a lo largo de todo el río Yangzi alrededor del año 4.800 a.C., y que luego este método fue incorporado en Japón. Otra teoría que refuta el origen japonés del sake es que el vino de mijo chino, xǐaomǐ jǐu (小米酒), ya era mencionado en varias inscripciones del siglo XIV a.C. y se lo utilizaba sólo como ofrenda a los dioses en los rituales religiosos. Luego, aproximadamente en el siglo VII a.C., aparece en China el vino de arroz mǐ jǐu (米酒), una fórmula casi exactamente igual al actualmente conocido sake japonés que alcanzó gran popularidad en el pueblo chino.

Hubo un gran acontecimiento en la historia del sake y de muchos otros productos como el amazake, el miso y la salsa de soja. Fue el descubrimiento del koji-kin, un moho con enzimas que hacía que el proceso de mascado ya no fuera necesario, ya que este podía convertir el almidón del arroz en azúcar; aunque este proceso hizo que la graduación alcohólica del sake creciera considerablemente. La mayoría de las técnicas y métodos utilizados para producir un sake de mayor calidad provinieron de China; esto se debió a que -como dije anteriormente- esta bebida alcanzó una gran popularidad en el pueblo chino.

Otra rareza en la historia de esta bebida es que en Japón la palabra sake sólo significa “bebida alcohólica”. Es en los países occidentales que se utiliza la palabra sake para referirse a esta bebida preparada con fermentación de arroz. Para referirse a esta bebida, en Japón se utiliza el término nihonshu (日本酒 “alcohol japonés”). Otro punto a tener en cuenta es que, como se puede observar, el término no se refiere a vino de arroz, tal como se lo conoce mayormente, ya que por definición la palabra ‘vino’ solo se puede utilizar en fermentaciones de uva. Entonces, si usted va a Japón y pide sake, le pueden servir cualquier bebida alcohólica, incluso dependiendo de la región de Japón en la que usted se encuentre, le pueden traer distintas bebidas. Por ejemplo, si usted se encuentra en Okinawa, sake hace referencia; a la caña de azúcar, si está al sur de Kyushu, le traerán una bebida destilada llamada imo-jochu.

El sake es una bebida que se estila tomar mucho en festivales y ceremonias. Por lo general, se sirve libremente en las ceremonias, ya que representa la buena fortuna. Incluso en la tan conocida ceremonia del té, se acostumbra a servir sake. En año nuevo, los japoneses beben un sake especial, que se llama iwai-zake y es mayormente conocido como toso; esta bebida tiene un ritual: se toma por orden según la edad, comenzando los más jóvenes y siguiendo los más ancianos. El sake es una bebida que se sirve al gusto de uno y según la estación del año. Se puede servir tanto frío, tibio como caliente. Pero es bueno aclarar que el sake bebido tibio o caliente es absorbido mucho más rápido por el cuerpo; por esto es que los soldados en la Segunda Guerra Mundial acostumbraban beber sake caliente, especialmente los soldados kamikaze. Es una de las pocas bebidas alcohólicas que puede ser consumida caliente.

Calamares orientales

Ingredientes:

calamar pequeño, 1 kilo
sake, 3/4 taza
azúcar, 1/4 taza
salsa de soja, 1/2 taza
zumo de limón, 1 cucharada

Preparación:

Lavar bien los calamares y dejar los tentáculos. Mezclar en un recipiente el sake con el azúcar, la salsa de soja y el jugo de limón.
Incorporar los calamares y marinar durante 1 hora.
Ensartar los calamares en unos pinchos de madera y asar al fuego alto sobre una parrilla o una plancha muy caliente. Rociar con la
marinada y servir calientes.

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2012, el año que los chinos también predijeron

Por Lin Ling. La Gran Época

La película apocalíptica “2012”, que está haciendo furor en el mundo y que se estrenó en Argentina la semana pasada, ha generado una suerte de cachetazo en la generalizada visión lejana frente a las profecías que advierten sobre tiempos convulsionados y catastróficos relacionados con la degeneración de la moral humana. Su propio director, Roland Emmerich, confeso incrédulo de que el mundo nos dirá adiós en 2012, no ocultó sus titubeos: “tengo que admitir que hay un par de libros que realmente me asustaron”, dijo.

Sin embargo, al contrario de lo que la cultura popular cree y el sensacionalismo de algunas películas y libros dan a entender, las profecías mayas no pronostican el fin de la civilización entera. Dotados de un extenso conocimiento sobre matemáticas y astronomía, los mayas vaticinaron para el sábado 21 de diciembre del 2012, el fin de un gran ciclo cósmico, donde grandes acontecimientos a nivel planetario llevarían a la raza humana hacia un nuevo ciclo de civilización.

Con una exactitud exquisita, los mayas supieron proyectar el acontecimiento que ocurre una vez cada 26.000 años, cuando el Sol y la Tierra se alinean con el centro de la Vía Láctea.

El legado maya habla, con una precisión sorprendente, sobre una ola de calor que derretiría los polos, así como sobre un cometa que amenazaría la existencia de la raza. Sin embargo, el mensaje gira siempre en torno al comienzo de un nuevo ciclo; señala a la catástrofe como una etapa de purificación para el nacimiento de una nueva humanidad, y un periodo previo que se traduce como una oportunidad única para el hombre de reflexionar y rectificar los errores cometidos para alcanzar la armonía con el cosmos.

Hay supuestamente 7 profecías que dejaron los mayas. Lo que es asombroso, o más bien alarmante, es que el tiempo en que vaticinan la calamidad coincide con los presagios de otras culturas. Pero también está la esperanza en todas. Nostradamu, los Mayas, los Egipcios, la antigua cultura Hopi y tantos otros –incluidos los chinos antiguos– parecieran haberse puesto de acuerdo para prever el fin de la civilización presente cuando grandes calamidades y conflictos sin igual darían paso al nacimiento de una civilización renovada, espiritualmente altruista.

“Para los antiguos mayas, era una gran celebración del fin de un ciclo completo”, dice por su lado Sandra Noble, directora ejecutiva de la Fundación para el avance de los estudios mesopotámicos, en Crystal River, Florida.

Por otra parte, “Nosotros, la comunidad arqueológica, no tenemos registros o conocimiento de que los mayas creyesen que el mundo se terminaría en el 2012”, explica al respecto la curadora del Museo de historia natural de Florida, Susan Milbrath.

Advertencias que brotan hoy de la cultura china milenaria

Son también muchas las profecías que ha dado la antigua China, aunque la mayoría de ellas se presentan con la forma de metáforas, acertijos, pinturas, cuentos, sueños, etc. Nunca se han mostrado a sí mismas directa y claramente. Esta característica se corresponde con la cultura y espiritualidad chinas, en las que se cree que la vida humana viene originalmente del cosmos y que el hombre –antes un ser iluminado–, aunque se haya desmoralizado y perdido en medio de la confusión, está dotado de sabiduría, inteligencia y libre albedrío para iluminarse por sí mismo dentro de la ilusión del mundo humano. Es que los chinos antiguos decían que primero hay que creer sin ver, y sólo se verá si antes se cree.

Algunas de estas profecías antiguas chinas que señalan un nuevo mundo después de una catástrofe, no habían salido a la luz sino hasta poco. El tiempo ‘elegido’ para ser despertadas del profundo letargo es precisamente este, lo cual no deja de llamar la atención. ¿Un manejo del Cielo? Para el pensamiento antiguo chino, sí.

Los chinos creen que las profecías no son dejadas para que se cumplan, sino para que el ser humano cambie positivamente, corrija los errores con las lecciones aprendidas y evite así las previsiones negativas. Estos legados se entienden como el gran ‘ci bei’ (misericordia) del Cielo. Desde este ‘ci bei’, diversas predicciones se entrelazan en las viejas enseñanzas para prevenir que el hombre se corrompa y amenguar los daños de una catástrofe resultante –según se deduce de las mismas– de la desviación de su comportamiento.

Al final, el hombre decide su propio destino.

Oriente y la catástrofe del periodo del fin de la Ley

En la India, hace 2500 años, el Fo (Buda) Sakya Muni profetizó que el Fa (Ley) que él enseñaba sólo podría ser transmitido durante 500 años, y que después de 500 años vendría el periodo del fin de Fa. La humanidad llegaría a un estado en que su enseñanza no servirá más para salvar la gente.

Hoy, 2000 años después, de acuerdo con la Escuela Fo (Buda), ya no existe más Ley en el corazón del hombre para restringirse de hacer cosas malas. El deterioro de la moral humana de hoy puede entenderse como el periodo anunciado, el final de Fa.

Una de las profecías que señalan este periodo del fin de Fa (la Ley) y la gran catástrofe es la tabla de Liu Bowen. Liu Bowen, también llamado Liu Ji, fue un asistente del primer Emperador de la dinastía Ming (1368-1644), Zhu Yuanzhang (también conocido como Ming Taizu), quien unificó a China. Liu Bowen ayudó al Emperador a establecer la Dinastía Ming y se desempeñó como Primer Ministro. Pero no fue sólo una persona honesta y un gran Ministro, sino alguien que ‘obtuvo el Dao’ (el camino espiritual, la enseñanza).

De ahí se entiende cómo es que dejó tantas profecías al mundo –incluido el famoso Shao Bing Ge– cuyas predicciones tienen un alto grado de comprobación al día de hoy.

La profecía de la “Tabla de Liu Bowen de la montaña Taibai de la provincia de Shanxi” fue hallada recientemente, 700 años después de ser escrita, luego de un gran terremoto. Las palabras, al igual que en el caso de los antiguos mayas y de Miguel de Nostradamus, deslizan un futuro esperanzador para la especie humana, precedido por una gran catástrofe, donde tendrían lugar cambios profundos y una limpieza, a veces horrendos. Pero no habló de un final absoluto de la humanidad ni del universo

“De los pobres quedarán mil de 10 mil; de los ricos, dos o tres de 10 mil; si pobres y ricos no dan un giro en sus corazones, la hora de la muerte será inminente”

Tal como los mayas, Liu veía la esperanza de la raza en un cambio espiritual profundo después de esta gran limpieza, augurando que la gente que dé un giro en sus corazones, podría ser salvada.

Las fechas clave y “Tiempo del no tiempo”

En su calendario asombroso y perfecto, los mayas profetizaron que cuando el sistema solar en el sistema de la Vía Láctea haya pasado ‘el gran ciclo’ de 5125 años (desde 3113 antes Cristo hasta el invierno de 2012), el sol coincidirá exactamente con el punto donde se cruzan el Eclíptico y el Ecuador. Después, la Tierra saldrá de la Vía Láctea y entrará en una nueva etapa; la humanidad entrará en una nueva civilización que no tiene que ver con esta.

Los últimos 20 años del ‘gran ciclo’ (entre 1992 y 2012) son un período de suma importancia, que los mayas llaman el “Tiempo del no tiempo”. Este “Tiempo del no tiempo” aparece como un periodo de gran aprendizaje y cambios, y –según los mayas– es cuando el hombre entra en un gran salón de espejos y se mira adentro de sí mismo, analiza su comportamiento y toma la decisión de cambiar. Esto implica algo tan profundo: la voluntad libre del hombre. Implica la decisión de cada uno de pasar a la nueva etapa o perecer.

De la profecía se interpreta que en esta época del cambio de los tiempos, que está llegando a su fin, la humanidad tiene ofrendada la posibilidad y la responsabilidad de retomar su creencia en el aspecto espiritual. Se puede pensar que es un periodo regalado, una única y última oportunidad para salir del espejismo y cambiar el destino de la Tierra.

Desde el otro lado del mundo, Liu Bowen profetizó, “Si puede sobrevivir al año de la gran catástrofe, será un ser divino terrenal que permanecerá siempre joven; aunque sea luohan (un ser divino) de acero, tendrá dificultad de pasar el 1 de julio; el 13, no importa si es luojan de oro y acero, solo la bondad puede ayudar. Son difíciles de pasar los años del dragón y de la serpiente.”

Aquí, lo que profetizaron Liu Bowen y los mayas coinciden asombrosamente, si tenemos en cuenta que los años del dragón y de la serpiente son 2012 y 2013. ‘Luohan’ (o ‘arhat’ en sánscrito) es el primer grado de logro o ‘posición de fruto’ en el proceso de cultivación, en el lenguaje budista; Liu Bowen pone en evidencia el requisito de la elevación espiritual para superar la catástrofe.

La cultura china antigua se consideraba como una cultura semi-divina dejada por dioses que se reencarnaron en la Tierra. Por eso, se cree que los acontecimientos importantes en China son arreglados por el Cielo por ciertas razones, reflejos de “cambios celestiales”. Los chinos llaman a su país “Zhong Guo”, que significa “país central”. Todo ello se condice con pistas de sabios chinos, de que China sería el escenario principal de la última obra teatral de la humanidad.

Los chinos dicen: “los cambios celestiales dirigen los cambios terrestres”. Efectivamente, en este periodo del “tiempo del no tiempo”, a pesar de una cultura global cada vez más desligada de la formalidad religiosa, se han visto diversas corrientes de búsqueda de respuestas espirituales. También han surgido muchas escuelas, enseñanzas, así como charlatanes y comerciantes que buscan aprovechar aquella ansiosa demanda. Pero también, en este cambio celestial, aparecieron enseñanzas que realmente han contribuido a una verdadera elevación del hombre.

En 1989, en China ocurrió la matanza a los estudiantes en Tiananmen. Después de esta masacre, para amortiguar la tensión social, el régimen chino aflojó un poco las riendas para dar algunas pequeñas libertades, lo cual abrió el camino para el florecimiento de antiguas prácticas y enseñanzas legadas de la China antigua, que venían resurgiendo curiosamente desde mediados de la terrible Revolución Cultural en los ’60, agrupadas tímidamente bajo el nombre de “qigong”.

Las formas de ‘qigong’, en realidad, tienen miles de años de historia y data al comienzo de la historia china, de la cultura china antigua. Si bien hoy varias se transmiten –incluso en Occidente– como métodos energéticos para mejorar la salud, originalmente eran justamente vías de cultivación o mejoramiento físico y espiritual, a veces con formas más religiosas o místicas, cuya meta era que el hombre regresara a su estado más elevado que tenía antes de ser hombre terrenal.

Esta libertad personal para buscar algo de salud mental y física mediante el qiqong generó un gran movimiento de millones chinos que empezaron a abrazar estas disciplinas antiguas resurgidas.

El suceso más masivo y resonante en la difusión de estos sistemas de qigong comienza precisamente en 1992, cuando apareció entre el pueblo chino, por primera vez, la disciplina Falun Dafa, que alcanzó una popularidad sin precedentes para ser practicada pronto por cien millones de personas. Esta disciplina habla de las tres características del universo: Verdad, Benevolencia y Tolerancia, y la necesidad de ser una buena persona siguiendo estas características para la elevación del hombre.

En todos los estratos sociales había gente que ostentaba practicarla. Al poco tiempo de su propagación, en distintos ámbitos de la sociedad china se manifestaba un cambio profundo espiritual.

Aunque no fue percibido en el exterior debido al restringido flujo de información, en la década de los noventa se generó en China una gran corriente de miles de chinos que, uno tras otro, intercambiaban y hacían públicas sus experiencias de mejoras en la salud, de lograr una comprensión de la relación entre el hombre y el cosmos y de la necesidad de mirar hacia adentro para mejorarse espiritualmente y ser mejores personas, de manera de “volver a la verdad”, como pregona el Dao.

Otra fecha clave dentro de los veinte años del “Tiempo del no tiempo” comenzado en 1992 es el año 1999. Para aquel entonces, más exactamente para el 11 de agosto de 1999, los mayas profetizaron en su códice de eclipses que un eclipse demarcaría el ingreso de la humanidad al llamado “Salón de los Espejos”, en donde el hombre debe verse a sí mismo reflejado y cambiar su actitud frente a la vida. Las transformaciones del Sol por el eclipse alterarían el comportamiento del hombre y su forma de pensar y sentir.

Habría enfrentamientos por ideologías y religiones; habría cambios en las creencias espirituales, las religiones y los valores aceptados. Habría cambios en las formas de la justicia y el orden, de las comunicaciones, de los sistemas sociales y económicos. Desde 1999, se incrementaría más la separación por las diferencias, se potenciarían la agresión, el odio, las disoluciones de las familias, el derrumbe de la moral y de las éticas, los enfrentamientos por ideologías, religión, etc.

1999 fue una fecha clave para China también. Después de casi diez años de mayor apertura económica y algunas libertades personales, exactamente el 20 de julio 1999, el Estado prohibió la práctica de disciplinas antiguas espirituales, incluida la más difundida Falun Dafa. Así, se terminó la libertad de los chinos para perseguir una vida espiritual y un pensamiento individual sobre la vida. Esta prohibición que se convirtió en una persecución, especialmente contra Falun Dafa –por el gran número de practicantes–, ha generado situaciones de destrucción, muerte y sufrimiento de todos los involucrados.

Circunstancias como estas no difieren de aquellas predichas por los mayas para nuestros tiempos, y a su vez dan lugar al ‘Salón de los espejos’. Por ejemplo, en el caso de China, por el sistema político vigente, es difícil para un ciudadano desacatar las órdenes de malas acciones, aún cuando van contra sus conciencias. Pero justamente este tipo de situaciones extremas reflejan las decisiones finales y el posicionamiento del espíritu del hombre: frente a la adversidad, aparece la oportunidad de realizar grandes acciones de bondad, de valor y de rechazo a la maldad a costa del beneficio personal.

También se convierten en pruebas para cada conciencia individual del mundo: cómo se posiciona uno frente a tales situaciones, cuando se llega al punto de que grupos de gente están siendo exterminados con el propósito de destruir su fe. La prueba es dura, porque el hombre a veces tiene que elegir entre los intereses personales (la posición, el mercado, el dinero…) y la conciencia recta.

Otras profecías describen los desastres que enfrentará el hombre en este periodo apocalíptico, donde habría guerras por doquier, pestes, desastres naturales, una energía negra de perversidad, una sociedad en tumulto por derrumbe de la moral.

A esta altura, es difícil no ver la analogía en nuestra realidad inmediata. Los tornados, los tsunamis, los volcanes activos, las cenizas, el efecto invernadero que amenaza al planeta, son panoramas que deberían llevar a cada uno a reflexiones y a ocuparse urgentemente en el mejoramiento humano por el bien de su supervivencia.

Hercólubus, el cometa indecifrable

La sexta profecía maya dice que en los próximos años aparecerá un cometa que pondrá en peligro la existencia del hombre. Su nombre es Hercólubus, un cometa errante que no cumple con las leyes cósmicas establecidas, y que regresa luego de un acercamiento hace 25.000 años. Se trata, en realidad, de un planeta con una cola de cometa. Se mueve como un cometa, pero tiene la masa de un planeta; es un planeta con cola.

Hercólubus ya ha sido detectado por la ciencia, pero muchos científicos han dejado en la sombra este conocimiento por la incapacidad de explicar su trayectoria errante. Es que su comportamiento –según la profecía– está conectado con el estado espiritual del hombre. Se aleja cuando existe positividad sobre la Tierra, pero se acerca cuando estamos llenos de guerras, sufrimientos, etc. Si realmente penetrara nuestro sistema solar, podríamos verlo a simple vista.

La antigua China consideraba que todas las materias tienen vida, y que los planetas son deidades también. En China hay una enseñanza que dice que cuando podamos ver un planeta-cometa con nuestros ojos físicos, ya no se podrá negar más la existencia de un poder superior.

Los chinos antiguos contaron que cuando apareciera un cometa con todo su brillo en el cielo, el hombre creería nuevamente en la existencia divina y de una ley universal (Fo Fa). Pero, ¿será ya demasiado tarde? Según los legados mayas y chinos, ahora estamos viviendo en el periodo previo, el tiempo dado a la humanidad para corregir lo desviado y lo perverso, y evitar la llegada de Hercólubus.

El hombre superior

Los antiguos sabios chinos decían que solo en el ambiente más complicado pueden surgir personas con gran virtud. En la lógica de las profecías, aquellos que pueden mantener un comportamiento recto en este periodo son superiores, son quienes entrarán en el nuevo mundo.

Lao Tse habló del hombre superior, mediocre e inferior. El hombre mediocre hace lo que hacen otros y deja de hacerlo cuando otros dejan, porque su voluntad individual es débil; el hombre inferior se ríe sobre acontecimientos sobrenaturales, y de ese modo no puede asimilarse al universo, no entiende que la vida terrestre es solo un paso en la vida infinita de uno; tampoco puede ver claramente qué cosa es la que está haciendo mal, para cambiar su actitud y sus acciones.

En cambio, el hombre superior se comporta rectamente, rechaza la maldad, lidia con sus miedos y angustias, posee un corazón abierto a conocimientos nuevos, busca activamente las repuestas sobre la vida y el cosmos, y reconoce los cambios celestiales. En la lógica de las profecías, un hombre superior puede darse cuenta de que estos veinte años son un regalo del Cielo, una última oportunidad, única, ofrendada al hombre.

Al final del ciclo, cada hombre será quizás su propio juez en el salón de los espejos. La Biblia habla del Juicio final. La cultura china dice que el Cielo tiene ojos y que todas nuestras acciones quedan registradas. De alguna manera, según las más diversas profecías, todo lo hecho en la vida –y en especial, de acuerdo con los mayas, durante el “Tiempo del no tiempo”– será examinado, y habrá que saldar la cuenta.

No importara si fue por ambición, miedo, frustración o hasta amor, que uno se haya desviado de la moral, la ética y la rectitud. Tampoco habrá justificaciones por acciones moralmente desviadas echando la culpa a los valores morales laxos de la sociedad, los cuales justamente fueron las trampas puestas por la maldad para que la humanidad no pasara las pruebas. Será demasiado tarde para culpar a los demás o a Dios por lo que sucederá. Distinto será para aquellos que, como dijo el profeta chino Liu Bowen, pudieron, en este último periodo, “dar un giro en su corazón”.

Y despues…

Las enseñanzas mayas y chinas antiguas hablan sobre el nacimiento de una nueva humanidad para aquellos que pueden sobrevivir a la limpieza. El hombre entrará en una nueva época de aprendizaje, habiendo eliminado ya los egoísmos. Entenderá la existencia del poder superior y adorará nuevamente los dioses. Entenderá que todas las materias tienen vida y que la vida humana sobre la Tierra tiene un significado y una meta mucho más importantes que el gozo superficial que buscamos ahora.

Lo dicho sobre 2012 es esperanzador para la humanidad. Lo que le resta a uno preguntarse es, ¿lo pasaré yo?

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